Los Santos Inocentes: Los niños soldados
Hay cosas por las que la humanidad merecería autodestruirse.
Hay cosas por las que la humanidad merecería autodestruirse.
Yo, personalmente no me creo nada de nada. ¿Por qué habría de hacerlo si me han estado estafando desde que tengo uso de razón? Desde los religiosos en los que estudié que me enseñaban “espíritu nacional” hasta la OMS con su gripe A, pasando por las conexiones vascas en el 11-M o el mito del “elefante blanco” del 23-F. Todo son mentiras escupidas por gentuza sin ningún tipo de escrúpulos que el ciudadano medio no tiene mas cojones que creerse, porque los medios le machacan hasta convertir la duda en certeza. Y da igual que, al cabo de algún tiempo, se destape la mentira. Somos tan cretinos que volvemos a caer en la siguiente estafa, y en la siguiente, y en la siguiente.
Mientras nos llega el próximo vendedor de humo, y si queréis reíros un rato, podéis hacer un par de cositas para apoyar a Wikileaks y tocar los cojones a la peña, o, por lo menos, montar un poco de revuelo.
Y, ahora, una noticia que no viene mucho a cuento. O si.
Tiembla, loquendo de Youtube, que los Calvos Sexuales Soviéticos están aquí para ponerte las cosas muy malitas!!!
Pero hay una pequeña esperanza. Si, amigos, la única línea de defensa contra el caos consiste en… ¡¡La Asociación Anti Calvos Sexuales Soviéticos!!
Madre mía, como está la peña de colgada.
Si, ya lo sé: Socialmente está muy mal considerado desearle la muerte a nadie. La moral judeo-cristiana nos exige la creencia de que nadie es lo bastante malvado como para desearle la muerte, y todo el mundo está a tiempo de redimirse en vida.
Pero, reconozcámoslo: Todos hemos sentido alguna vez el anhelo secreto de levantarnos por la mañana y escuchar en los telediarios, leer en los periódicos ó incluso oír comentar a la vecina que alguien ha muerto.
Puede ser ese hijodeputa que nos ha hecho la vida imposible, ese cacique que nos ha arruinado, ese imbécil que nos amargó la infancia o ese cabronazo que se folló a la chica de nuestros sueños. O ese político corrupto que se ha llevado el dinero de nuestros impuestos para irse de crucero. O ese urbano que nos ha puesto una multa por alcoholemia con un pestazo a cazalla que tiraba para atrás. O….
¿A quién deseas la muerte mas dolorosa y vil? Despréndete de tus prejuicios y medítalo durante cinco minutos. Pero hazlo seriamente, como si de tí dependiese la vida o la muerte de ese hijodeputa en cuestión.
Incluso podrías llegar mas lejos, si dispones de un ratito más para reflexionar: ¿Cómo merecería morir? ¿Sería una muerte pública? ¿Lenta? ¿Serías tu el complacido verdugo? ¿Qué harías con el cadáver? No tengas miedo, nadie vá a enterarse. Puedes regodearte lo que quieras. Vívelo.
Seguro que te llevas una sorpresa.
Personalmente, la muerte a patadas en los cojones con un palo de escoba incrustado en el recto seria mi elección para el señor Arbusto. Ahí lo dejo.
Supongo que todos vosotros lo habréis leído en los periódicos y visto en la televisión: Un pastor ultraderechista americano ha estado a punto de provocar la III Guerra Mundial al proclamar que va a quemar unos ejemplares del libro sagrado musulmán, aunque, a petición de la Casa Blanca y de todas las personas con sentido común del mundo, ha decidido no continuar con su plan. Pero el mal ya está hecho. Disturbios, manifestaciones y amenazas de respuestas violentas se han sucedido a lo largo de todo el mundo.
Y yo digo, ¿Por qué limitarnos a quemar el Corán?
- Podemos quemar Biblias y ejemplares de la Torá, puestos a ofender, ofendamos a todos.
-Podemos prenderles fuego también a todos los telepredicadores y fanáticos que salen por la tele intentando comernos la cabeza con sus monsergas.
-También podemos quemar los cojones de Celestino Corbacho, solo para reirnos un rato.
-Otro objeto muy quemable es el edificio que alberga los estudios de Tele 5 con todos los presentadores, concursantes, tertulianos y colaboradores dentro. Eso quizá ayudase a el incremento del nivel cultural mundial. ¿Y el de Intereconomía? ummmm, Interesante.

Podemos, en definitiva, quemar todo lo que nos resulte incómodo y/o repulsivo. Pero debemos de recordar que el petróleo lo tienen los árabes…